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Carta de Transmisión

La Carta de Transmisión (lat. Carta Transmissionis / Charta Transmissionis), conocida también como Carta de Larmenius

El acta histórica de transmisión de los poderes del Gran Maestre, fechada el 13 de febrero de 1324 y divulgada con ocasión del Segundo Renacimiento de la Orden (comienzo del siglo XIX). El original es un pergamino escrito en la cifra templaria (signos geométricos); a continuación se ofrecen su lectura en latín y la traducción del texto del acta. Las firmas de los Grandes Maestres sucesivos en la Carta continuaron hasta Bernardo Ramón Fabré-Palaprat (1804).

La Carta de Larmenius — imagen del pergamino (Carta Transmissionis)
Imagen de la Carta (pergamino / reconstrucción de dominio público, Wikimedia Commons).
Fragmento del pergamino original de la Carta de Transmisión La Carta de Transmisión — vista del pergamino
Fragmentos de la fotografía del pergamino: las columnas de la cifra y el ornamento con la cruz en la cabecera del documento.

El texto en latín

Ego frater Johannes Marcus Larmenius, hyerosolimitanus, Dei gratia et secretissimo venerandi sanctissimique martyris, supremi templi militiæ magistri (cui honos et gloria) decreto, communi fratrum consilio confirmato, super universum templi ordinem, summo et supremo magisterio insignitus, singulis has decretales litteras visuris, salutem, salutem, salutem.

Notum sit omnibus præsentibus et futuris, quod, deficientibus meis viribus, ex extrema ætate, rerumque paupertate et regiminis pondere, ad majorem Dei gloriam, et tutelam et salutem ordinis, fratrum, et statutorum, ego præfatus, humilis magister militiæ Templi, in fortiores manus supremum magisterium resignare decrevi.

Quapropter, Deo adjuvante et cum consensu conventus supremi equitum, illustri commendatori et carissimo fratri Francisco Thomæ Theobaldo Alexandrino, auctoritatem et privilegia summi magistri ordinis Templi contuli, et præsenti decreto, ad vitam, confero, cum potestate, secundum temporis et rerum leges, alteri fratri, nobilitate educationis et ingenii, et morum honestate eminentissimo, summum et supremum Templi magisterium, et auctoritatem supremam conferendi: quod fit ad perpetuam successionem summorum magistrorum, continuam seriem successorum, et integritatem statutorum servandam. Nihilominus jubeo, ut summum magisterium non transmittatur sine consensu conventus generalis commilitonum Templi, quoties conventus ille supremus convocari voluerit; et, rebus sic se habentibus, successor eligatur nutu equitum.

Sed ne potestates supremi officii deficiant, sint nunc et in perpetuum quatuor vicarii summi magistri; potestate, eminentia et auctoritate supremis; super universum ordinem, salvo jure summi magistri; qui vicarii ex senioribus eligantur secundum seriem professionis. Quod decretum est secundum votum prædictum, mihi et fratribus commendatum a venerabili et beatissimo magistro martyre (cui honos et gloria). Amen.

Denique, ex decreto conventus supremi fratrum, et auctoritate suprema mihi commissa, scoticos templarios, desertores ordinis, anathemate percussos, et illos et fratres Sancti Johannis Hierosolymitani, spolatores dominiorum militiæ (quorum Deus misereatur) extra Templum, nunc et in futurum, volo, dico et mando. Ideoque signa, pseudfratribus ignota et ab eis non cognoscenda, ore tradenda commilitonibus meis, et eo modo quo, in conventu supremo, jam placuit mihi tradere, stabilivi.

Sed hæc signa nonnisi post debitam professionem et consecrationem equestrem, secundum statuta, ritus et usus commilitonum Templi, a me præfato illustri commendatori tradita, sicut a venerabili et sanctissimo martyre magistro nostro (cui honos et gloria) in manus meas tradita fuerunt, revelanda sunt. Fiat ut dixi. Amen.

Ego Johannes Marcus Larmenius feci, die decima tertia februarii 1324.
Ego Franciscus Thomas Theobaldus Alexandrinus, Deo juvante, suscepi magisterium, 1324.

Seguían en la Carta las firmas de los sucesores hasta Bernardo Ramón Fabré-Palaprat (1804).

Traducción española

Yo, fray Juan Marcos Larmenius de Jerusalén, por la gracia de Dios y por secretísimo decreto del venerable y santísimo mártir, supremo maestre de la milicia del Templo (a quien honor y gloria), confirmado por el común consejo de los hermanos e investido del sumo y supremo magisterio sobre toda la Orden del Templo, a todos los que vieren estas letras decretales — salvación, salvación, salvación.

Sepan todos, presentes y futuros, que, decayendo mis fuerzas por la extrema edad, por la escasez de medios y por el peso del gobierno, para mayor gloria de Dios y para guarda y salvación de la Orden, de los hermanos y de los estatutos, yo, el susodicho humilde maestre de la milicia del Templo, he resuelto deponer el supremo magisterio en manos más fuertes.

Por lo cual, con el auxilio de Dios y con el consentimiento de la Suprema Asamblea de los Caballeros, he transmitido y por el presente decreto transmito de por vida la autoridad y las prerrogativas del supremo maestre de la Orden del Temple al dignísimo comendador y hermano carísimo Francisco Tomás Teobaldo Alejandrino, con la facultad de, según las leyes del tiempo y de las circunstancias, transmitir el supremo magisterio de la Orden del Temple y la autoridad suprema a otro hermano, eminentísimo por la nobleza de su formación y de sus dotes y por la honradez de sus costumbres, a fin de conservar la sucesión ininterrumpida de los supremos maestres, la serie continua de los sucesores y la integridad de los estatutos. No obstante, ordeno que el supremo magisterio no sea transmitido sin el consentimiento de la Asamblea General de los compañeros del Templo, cuantas veces aquella Suprema Asamblea deseare ser convocada; y, estando así las cosas, el sucesor sea elegido por la voluntad de los caballeros.

Mas, para que las fuerzas del supremo oficio no decaigan, ahora y para siempre haya cuatro vicarios del supremo maestre, dotados de suprema autoridad, preeminencia y poder sobre toda la Orden, salvo el derecho del supremo maestre; los cuales vicarios sean elegidos de entre los más antiguos según el orden de su profesión. Esto fue decretado conforme al voto predicho, encomendado a mí y a los hermanos por el venerable y beatísimo maestre mártir (a quien honor y gloria). Amén.

Finalmente, en virtud del decreto de la Suprema Asamblea de los hermanos y por la suprema autoridad que me fue confiada, quiero, digo y mando que los templarios escoceses, como desertores de la Orden, sean heridos de anatema, y que ellos y los hermanos de San Juan de Jerusalén, despojadores de los dominios de la milicia (de los cuales Dios se compadezca), sean tenidos, ahora y en el futuro, por fuera del Templo. Por ello establecí los signos, desconocidos de los falsos hermanos y por ellos no cognoscibles, transmitidos oralmente a mis compañeros, del modo como ya me plugo transmitirlos en la Suprema Asamblea.

Estos signos, empero, sólo han de revelarse tras la debida profesión y la consagración ecuestre, según los estatutos, ritos y usos de la compañía del Templo, transmitidos por mí al susodicho dignísimo comendador tal como fueron depositados en mis manos por el venerable y santísimo mártir, nuestro maestre (a quien honor y gloria). Hágase como dije. Amén.

Yo, Juan Marcos Larmenius, hice esto el día trece de febrero de 1324.
Yo, Francisco Tomás Teobaldo Alejandrino, con el auxilio de Dios recibí el magisterio, 1324.